jueves, 11 de julio de 2019

ENTREVISTA A MIGUEL HERRERO, AUTOR DEL LIBRO "LA TELE DE LOS 70"




En su afán por seguir haciendo un recorrido por la historia de la televisión en España, Miguel Herrero ha publicado en mayo de 2019 su nuevo libro "La tele de los 70" (Diabolo Ediciones), donde repasa con todo lujo de detalles y anécdotas como fue esta década, donde de manera tardía, nuestro país experimentó la Transición Española, y a su vez el cambio del blanco y negro al color. La televisión de esta década nos dejó mitos de la talla de Curro Jiménez, Mazinger Z, El hombre y la Tierra o Un, dos, tres. Este libro, recoge todas las maravillas y locuras de la época, Heidi, Luis Aguilé, Los payasos de la tele, Mercedes Milá, Yo, Claudio, Los Roper, La casa de los Martínez, Marco, Palmarés, La casa de la pradera, Isabel Tenaille, Crónicas de un pueblo, Kung Fu, Sandokán... Sumérgete con Miguel Herrero, el mayor experto en la historia de la televisión de este país, en diez años apasionantes, con las cucharas de Íñigo y Uri Geller, el pendiente de Lola Flores, el flequillo de Amestoy y las tardes de Un globo, dos globos, tres globos. 

Como portada has elegido a una figura omnipresente de la televisión de los 70 como la de Alfredo Amestoy, ¿qué crees que aportó a la televisión?


Alfredo representa a la perfección la televisión de aquella década, el estilo propio de presentador con una personalidad marcada, que destila profesionalidad y muestra su tono ácido en cada comentario. Aportó frescura porque se implicaba a fondo en el contenido de sus programas, muy crítico en una época en la que había mucha censura. Hizo que la propia televisión se convirtiera en la protagonista de sus espacios, como “Vivir para ver”, en lo que podría considerarse el primer programa de zapping cuando sólo había dos cadenas, un autozapping.

¿Cómo fue contar con Mary Cruz Soriano como autora del prólogo?



Ante todo fue un placer. Porque quería contar con el testimonio de algún personaje televisivo que no hubiera conocido previamente. Mary Cruz es una periodista que ha vivido múltiples etapas en su carrera. La televisiva duró una época muy concreta pero su fama alcanzó cotas inalcanzables para muchas otras profesionales de la historia de la tele. Portadas de revistas, programas muy variados, galas y Nocheviejas, su faceta musical… Se mostró muy amable y agradecida. Es una gran mujer, muy recordada y valorada y que este año presentó un espacio de entrevistas muy interesantes, “Gigantes de La 2”. 

Otros presentadores muy activos fueron Joaquín Prat, Jose María Íñigo, Isabel Tenaille, María Luisa Seco o Torrebruno, ¿qué opinas de ellos y de sus trabajos en esta década?

Ellos son parte esencial de este libro. Sin su trabajo no se podría entender bien lo que fue la década de los 70. Íñigo es primordial en cuanto a programas de entrevistas y musicales. Los artistas nacionales e internacionales acudían a sus espacios como una cita obligada para dar a conocer su trabajo. Joaquín era el hombre concurso y sabía hacer todo bien, con una simpatía natural y un desparpajo que encandilaba a todos. 

Isabel Tenaille llegó a ser un fenómeno social, por su estilo, su peinado, su curioso apellido y su naturalidad hablando a cámara como si fuera una espectadora más. María Luisa Seco sabía dirigirse a los pequeños como una chavala más, siempre transmitiendo contenidos culturales aunados a la diversión. Y Torrebruno cayó en los infantiles de una manera muy casual, tras hacer el concurso “Las supersabias”. Su español chapurreado mezclando su italiano, su baja estatura y los personajes que encarnaba, como aquel Rocky Chaparro, marcaron a una generación. 

¿Qué otros presentadores destacarías de este período?

Fue muy importante José Luis Uribarri, bien por sus presentaciones, bien por la dirección del popular musical “Aplauso”. Él hizo aquellas galas “Musical Mallorca”, informativos, magazines… incluso tuvo cargo directivo para mantener relaciones con instituciones y medios. En informativos fueron muy importantes Pedro Macía, Lalo Azcona, Florencio Solchaga o Eduardo Sotillos. Por su permanente aparición en pantalla habría que mencionar a las locutoras de continuidad, como Marisa Naranjo, Rosa María Mateo o Marisa Abad. Esta llegó a hacer varios programas a la vez, como “Gente joven” y “300 millones”. Mayra Gómez Kemp dio el salto a “625 líneas” tras su paso como cómica en el “Un, dos, tres”. Posiblemente ese programa de José Antonio Plaza, otro nombre importante, le sirvió de mucho a Mayra para su gran éxito de los 80. De hecho, éste le valió ya el premio TP a la Mejor presentadora.

Debido a las emisiones en directo o al hecho de que muchas veces se reutilizaran las cintas de grabación en TVE, mucho material de archivo de los 70 se encuentra desaparecido. ¿Cómo ha sido la labor de documentación y qué ejemplos destacarías dentro de estos tesoros perdidos?

Es el libro que más me ha costado en ese sentido. Porque efectivamente me encontraba con importantes lagunas a la hora de poder visionar programas antiguos de TVE. Pero, entre lo que se emitió por el Canal Nostalgia, lo mucho que ha recuperado el archivo en su página web (con muchas peticiones propias que me ayudaron en el momento de la escritura, como los infantiles “Teo y Calabaza”, “Juan sin miedo”, musicales como “Sumarísimo” o concursos como “Juego de letras”) he podido documentarme sin problema. Bien es cierto que hay programas que se han perdido por completo, como “Todo es posible en domingo”, pero sí hay ediciones de “Siempre en domingo” o “Tarde para todos”, de similar contenido. Cada programa perdido me produce una gran tristeza porque así no podemos disfrutar de entrevistas a Liza Minelli en aquellos programas, por ejemplo. Se ha perdido prácticamente toda la primera etapa del “Un, dos, tres”, lo cual es incomprensible debido al impacto del concurso. Que nadie se molestara en conservar esas ediciones ha hecho de esa pérdida una de las más lamentables. Sin embargo, sí tenían claro que las series no había que regrabarlas, por lo que se conserva mucho dramático y serie, mientras que de los programas más bien se conservan muestras. Y eso, en el mejor de los casos.

¿Cuáles han sido las mayores sorpresas televisivas que te has encontrado al documentarte usando el archivo histórico de TVE? 

La peor parte se la lleva el primer lustro de los 70. Ahí se ha perdido mucho material, por lo que cualquier emisión conservada es una verdadera joya. Me alegra que sí haya musicales como “Llegada internacional”, infantiles como “La casa del reloj” o concursos como “Las supersabias”. Del segundo lustro sí es más fácil poder visionar programas completos, como “Palmarés”, “Esta noche fiesta” o “Fantástico”. Me han resultado especialmente interesantes las galas de Nochevieja, cargadas de los mejores artistas de la época, incluso internacionales, como Michael Jackson con los Jackson 5. “La hora de…” también fue una gran experiencia, con numerosos famosos protagonizando sus especiales, como Massiel o Julio Iglesias, aunque Raffaella Carrá se ganó un grupo de cinco que son una verdadera maravilla. Me gustan mucho algunos divulgativos como “La segunda oportunidad” y los espacios de cine, como “24 imágenes por segundo”, “Sábado cine” o “Revista de cine”. Lástima que no se conserva la edición del primero de estos, con Isabel Tenaille, en el que recibían en el plató a los robots y personajes originales de la primera “Guerra de las galaxias” (1977). 

¿No te resulta extraño que las primeras emisiones en color en España comenzasen en 1972, teniendo en cuenta que en Estados Unidos ya se emitieron programas en este formato desde 1953?

Sí, aquí fue muy tardía la llegada del color y es una lástima. Hubiera sido precioso ver ediciones en color del primer “Un, dos, tres”, de los “Chiripitifláuticos” o de “Crónicas de un pueblo”. Nos hizo a la idea la gala del 60 aniversario de TVE en la que se colorearon algunas ediciones de ese tipo de programas, como se había hecho en los 80 con las películas clásicas. Curiosamente los primeros programas en color fueron algo peculiares. El primero se llamó “Divertido siglo” y fue muy criticado por su sopor y por un contenido algo pasado de moda, la música de las primeras décadas del siglo XX, con mucha zarzuela de por medio. Sin embargo, no se metió el color en éxitos de la época como “La gran ocasión”. El cambio de los espacios dependiendo del color es básico. “El hombre y la Tierra” hubiera perdido mucho en blanco y negro, por ejemplo. Aunque también tiene su encanto. Es verdad que a Don Cicuta le quedaba tan bien que cuando en 1976 Chicho pone en marcha la segunda temporada de su mítico programa, que ya iba en color por completo, incluyó alguna escena del avaro personaje en su pueblo… y en blanco y negro.

¿Cuál fue tu reacción al ver a los inteligentes concursantes del programa “Cesta y puntos” respondiendo preguntas como la de los fines del santo sacrificio de la misa?

Siempre me quedó impactada aquella pregunta porque es una de las pocas emisiones que se conservan de aquel concurso presentado por Daniel Vindel y siempre la repetían al recordarlo. Yo creo que el grado de conocimiento de algunos temas era excesivo. O al menos el paso del tiempo los ha desubicado bastante. La educación en colegios religiosos era muy profunda y estos participantes se lucían de maravilla. Aunque la sensación del espectador era la de unos empollones. Posiblemente con la lógica envidia de quien no conoce tantos detalles culturales. La herencia de aquel espacio residiría en “Saber y ganar” y “Pasapalabra”. Posiblemente los concursantes de hoy harían un gran papel en un remake de “Cesta y puntos”, donde yo preguntaría de nuevo por los fines de la misa. 

¿Cuáles son las diferencias más notables de las dos etapas del “Un, dos, tres” presentadas por Kiko Ledgard?


Las dos primeras etapas del “Un, dos, tres” tenían muchas semejanzas, tantas que el propio Kiko, también Chicho en su saludo inicial, explicaban al espectador en su primera emisión de la segunda época que en el fondo se trataba de un parón de tres años pero que continuaban desde el punto en el que se habían quedado la temporada anterior. La principal diferencia reside en el cambio del blanco y negro al color, que la duración empieza a dilatarse un poco más, la subasta se refuerza de cómicos más habituales y variedades, se añaden algunos ingredientes como la “Misión Un, dos, tres” con reportajes en exteriores de los concursantes de la semana anterior, y el cambio de Cicutas. Valentín Tornos ya no se podía hacer cargo de su personaje por la trombosis sufrida que le llevaría a morir pocos meses después del comienzo de la segunda temporada, y se le sustituyó junto a sus acompañantes Cicutines por unos herederos de Tacañón del Todo, el Profesor Lápiz, Don Estrecho y Don Rácano, muy populares por entonces. El “Un, dos, tres” se afianzaba cada temporada mejorando lo que se hubiera hecho la anterior. A modo de curiosidad, las azafatas de la primera tanda pasaron a ser “secretarias” en la segunda, un concepto más profesional, alejándose un poco de la mujer florero. 

¿Cuáles crees que fueron los mejores programas de “Estudio 1”?


Posiblemente dos de los grandes títulos de la época fueron “Doce hombres sin piedad” (1973), con un reparto inmejorable, repleto de los grandes actores de la época, como José Bódalo o Sancho Gracia. Y “6 personajes en busca de autor” (1974). Lola Herrera, Irene Gutiérrez Caba, José Luis Pellicena, Aurora Redondo, Ismael Merlo… Nombres ilustres que auguraban lo mejor. Y es que son innumerables los ejemplos de buenos “Estudio 1” en la época, además de “Novela”, “Pequeño teatro”, o series como “Los camioneros” y “Este señor de negro".

Pese a los segundos puestos de Karina, Mocedades y Betty Missiego, los 70 fueron el inicio de las malas puntuaciones de España en Eurovisión, ¿qué factores influyeron en ello? 

Eurovisión se iba quedando atrás en los gustos del público y en cuanto a la moda musical. Sólo los fans del festival disfrutaban con los estilos que ofrecían año a año. Fueron ganando temas muy atractivos, como el “Waterloo” de ABBA o el “A ba ni bi” israelí. España fue dando bandazos a lo largo de la década, con esos aciertos que mencionas, pero con algunas propuestas algo desacertadas. No fue muy lógica la de Peret con “Canta y sé feliz” tras un acierto tan grande como el de “Eres tú”. Ni Braulio ni Jaime Morey estaban dentro de lo mejor que podía ofrecer nuestro panorama musical. Bien es cierto que Micky y José Vélez sí hicieron buen papel, pero España debió llevar a las Baccara en lugar de Luxemburgo. Tal vez se notó algo de desencanto en la elección de representantes, cosa que ha vuelto a ocurrir en numerosas ocasiones aunque siempre digo que cualquier canción ganadora si la hubiera presentado TVE igualmente, en su idioma y con ese mismo representante, tampoco habría ganado.

¿Qué crees que aportó Fernando Jiménez del Oso a la hora de introducir el tema de los fenómenos paranormales en televisión?


El doctor Jiménez del Oso hizo un gran papel en ese campo, muy inspirador para quienes eran niños, como han reconocido futuros expertos en el tema, como Íker Jiménez. Su aspecto algo lúgubre, con sus grandes ojeras y gran parsimonia, le convirtió en un gran comunicador, muy querido por entonces y pese a la mala imagen que daban los avistamientos OVNI, cuyas apariciones no eran muy creíbles, o a otros fenómenos como las caras de Belmez. Su “Más allá” se mantuvo más años en antena que muchos de los grandes programas que la gente recuerda, ya hasta los 80. Su cabecera animada al visionado por el aire tan tétrico que tenía. 

¿Piensas que Valerio Lazarov supo dar el aire de modernidad que la televisión necesitaba?

Sin duda, le dio ese aire de modernidad que TVE necesitaba. Tanto es así que cuando se encargaba de “Señora y señores” una vez cada quince días, mientras que la otra entrega la hacía José María Quero, estaba claro que el rumano tenía un concepto mucho más abierto de lo que se avecinaba, ante todo ritmo. Sus emisiones eran muy festejadas, de ahí los fines de año tan valorados a día de hoy, con mucho gag durante las actuaciones en plató o representando en ambientes al aire libre el contenido de los temas que cantaban, haciendo exactamente lo que decían en las canciones. Muy logrados fueron su “Aquí radio sardina”, “Lo importante es nacer de pie” o las ediciones de “360 grados en torno a…” como las de Marisol o Carmen Sevilla (originales musicales de en exteriores, y en los que se representaba el contenido de las canciones).

¿Crees que la actuación de Rosa Morena en el programa “A su aire” ante la Brigada de Paracaidistas de Granada de Alcalá de Henares sería tildada hoy de excesivamente machista?

Recibiría todo tipo de críticas. Y pocas buenas. Bien es cierto que visionando el programa tan solo llama la atención el que sólo haya chicos en estado de efervescencia. Rosa se contoneaba al ritmo de “sabor a menta… qué rico está” meneándose muy insinuante ante ellos. 16 años después, cuando Marta Sánchez fue a la guerra del Golfo, la revista El Jueves llevó a su portada a Marta en un hospital por las heridas sufridas debido a los disparos de los botones de las braguetas de los soldados. El tono sexual de la actuación es sorprendente por la época en la que ocurrió, con el Dictador aún vivo y el censor en TVE. Pero el destape estaba por llegar y Rosa en aquel “A su aire” y Rocío Jurado en “Cambie su suerte” fueron los dos primeros momentazos del cambio. 


¿Piensas que el talento de Antonio Mercero ayudó a que saliera airoso de un proyecto de encargo del Régimen Franquista como fue la serie “Crónicas de un pueblo”?


Sólo la inteligencia de Mercero pudo salvar un invento que se veía tan a las claras que estaba pensado para adoctrinar al espectador con los mensajes del Fuero de los Españoles. Los espectadores perdonaron los mensajes nada ocultos gracias a lo entrañable que resultaban los personajes de la serie, como el cartero, el conductor de autobús, el maestro o el alcalde. El reparto de grandes actores demuestra lo bien que hizo siempre los castings, con otros posteriores ejemplos como “Verano azul” o “Farmacia de guardia”. 

¿Crees que especiales de este realizador como “La cabina” (1972), “Los pajaritos” (1974) o “La Gioconda está triste” (1977) siguen conservando la frescura, originalidad y calidad de cuando se emitieron por primera vez?

Así lo creo. Sus especiales son pequeñas películas para disfrutar una y otra vez, con ese toque de fantasía e incluso ciencia ficción que no era un estilo nada habitual excepto en los programas de Chicho, como “El televisor”. En el caso de “La cabina”, un Emmy no lo logra cualquiera, desde luego en España, y bien podría hacerse un remake para Netflix añadiendo algo más de historia anterior y posterior. El único programa de Mercero que me ha resultado algo espeso es “La noche del licenciado”, que siendo buena idea resulta demasiado largo, el doble de “La cabina”, para tan simple desenlace. 

¿Cuál crees que fue la etapa más interesante de “El hombre y la tierra?


Creo que las primeras partes de cualquier programa suelen ser las mejores. También en el caso de Félix se hizo un gran “serie venezolana” con aquel mítico capítulo de “Operación Anaconda” en el que aquel bicho estuvo a punto de comérselo. Aunque es cierto que la serie se enriquecía en cuanto se aumentaban los medios técnicos, por lo que se hicieron grandes documentales en su etapa final, cuando el rodaje en Alaska. La experiencia es muy positiva en ese campo porque siempre se quiere ir a más, llegar más lejos. Fueron años en los que Miguel de la Quadra y muchos otros reporteros demostraron su eficiencia en programas como “Datos para un informe”. 

¿Cuáles fueron las claves para que programas infantiles como “Los Chiripitifláuticos”, “El gran circo de TVE” o “Un globo, dos globos, tres globos” tuviesen una andadura más larga que otros programas del género?


Aquellos programas superaron todas las previsiones. TVE se encontraba cómoda en el reciclaje de títulos cada temporada o par de temporadas. Pero el público era el que exigía la continuidad de los programas. Hasta el punto de que “Los Chiripitifláuticos” tuvieron que volver con otra etapa cuando se les había dado por muertos en la programación. Los payasos pasaron a ser un fenómeno social, con los padres y abuelos canturreando las canciones que estaban destinadas a sus hijos y nietos. Y los globos permitían incluir muchos otros espacios como si fuera un contenedor de “pilotos”. Unos triunfaron y otros vivieron etapas muy cortitas. Igualmente llevaba series extranjeras que encandilaron a los más peques, como la serie de “El planeta de los simios”. Por lo que no daba tiempo a que los niños se aburrieran y quisieran algo nuevo, porque ya lo era cada dos por tres, aunque conservando el título de “Un globo, dos globos, tres globos”.

¿Fue muy decepcionante ver a una Inger Nilsson tan mayor en la entrevista que le realizó José María Íñigo en “Directísimo”?


Para la época no es que fuera decepcionante. Es que no era creíble. No podías hacerle entender a un niño que aquella traviesa de coletas era la misma moza que posaba sugerente con la camisa entreabierta. Se podía tratar de una actriz que se pareciera o de un familiar pero no era Pippi. Es como hacer creer a un pequeño que Pepa Flores, con su aspecto actual, cuando se la encuentren por Málaga, es la niña que canta “Corre, corre, caballito” en las películas. Pueden intentarlo pero no creo que queden convencidos. 

¿Conservas todos los fascículos de “El libro gordo de Petete” en tu museo de la tele?

Sí los conservo. Los fascículos y los tomos de colores que englobaban aquellas revistas. Petete era ochentero para nosotros y ya era más fácil encontrarlo por casa.

¿Cómo es posible que nadie se percatara del mensaje oculto de Juan Diego, descorchando una botella de champán y celebrando la muerte de Franco en el programa infantil “Cuentopos”?

La televisión siempre tiene una espada de Damocles en cuanto a escenas que pueden ser consideradas con una doble intención. Es cierto que a veces son casualidades como cuando se emitió el capítulo de una serie titulado “Muerte en Alaska” justo cuando Félix Rodríguez de la Fuente moría allí. Y otras sí que eran más intencionadas, colándose con gran naturalidad dentro de su contexto. Si pudiéramos visionar profundamente el contenido de series y películas de la época, todo nos parecería un mensaje velado sobre la situación política de los 70. 

¿Podría considerarse que “Heidi” y “Marco” fueron un precedente a la llegada de las telenovelas a España en los 80?

De alguna manera sí podría considerarse porque el contenido de aquellas dos series, y también de “El perro de Flandes” aunque con menor éxito, no era el propio que se ofrecía a los niños. Habitualmente se pensaba que los niños y niñas debían ver animaciones como “Tiro Loco”, “La hormiga atómica” o “La pantera rosa”. Así “Heidi” y “Marco” incluía unos dramas más habituales en películas adultas o series que nunca hubieran visto los más pequeños. Desapegos familiares, abandonos, desprecios, huidas en solitario... El enganche de seguir una trama hasta ver lo que ocurría finalmente es absolutamente comparable con culebrones. Y en cuanto a duración, emitido un capítulo por semana, podía durar mucho más que los clásicos de las telenovelas de los 90 como “Cristal” o “La dama de rosa”. 

¿Qué opinas de la polémica y fulminante supresión de “Mazinger Z” en TVE?

Fue una decisión inútil en todos los sentidos. Primero por privar a la audiencia menuda de un éxito tan fulgurante e inmediato como fue “Mazinger Z”. Y después, porque sus grandes seguidores han esperado todo lo que han tenido que esperar para conservar la serie completa. Por lo que de poco sirve que te quiten algo que te gusta mucho. Puedes tardar tres décadas en conseguirla entera pero lo vas a hacer. Sin embargo, de sustitutos como “El bosque de Tallac” o incluso el propio Naranjito ochentero no hay ese interés desmedido. 

¿Piensas que la serie animada “Don Quijote” es la mejor y más completa adaptación de la obra de Cervantes?

En cuanto a dibujos animados sí. Es verdad que el Quijote de Fernando Rey y Alfredo Landa sí me parece la mejor adaptación en cine o televisión porque ellos mismos representan a la perfección esos dos personajes, especialmente el primero. Pero los dibujos de Cruz Delgado son un ejemplo de buena animación, muy artesanal, con divertidas puestas en escena y un grandísimo doblaje de Fernán Gómez y Antonio Ferrandis. Me pareció precioso el cameo de los dibujos en una de las primeras ediciones de los Goya y doblados de nuevo por sus dos actores. 

¿Fue milagroso que “La clave” lograra regresar tantas veces pese a la censura de sus programas?


Lo habitual cuando quitan programas televisivos por ese tipo de problemas es que no regresen nunca más, como ocurrió posteriormente con “Derecho a discrepar”. “La clave” resistió muchos envites porque al público le gustaba y porque Balbín luchó porque regresara su debate contra viento y marea. Resulta absurdo que se eliminaran programas por invitados incómodos o por temáticas peligrosas porque España ya estaba viviendo una etapa de progreso que se contradecía con estas polémicas. Y un milagro que resistiera luchando contra el “Un, dos, tres” en la Primera Cadena. En sus primeros tiempos se emitió en sábado y lo tenía algo más fácil. Aún así, resulta duro ver una entrega completa a día de hoy, con dialécticas algo soporíferas para tratarse en tres horas sin incluir la película. 

¿Se ha podido descubrir si las intervenciones de Uri Geller en “Directísimo” estaban trucadas?

Fue en un programa de “Cuarto milenio” donde se explicaron algunos posibles trucos de aquellas llaves dobladas, siendo la presión de unas sobre otras al cerrar las manos la que harían doblarse ligeramente. O que relojes que estaban con la pila medio gastada, al ser toqueteados, finalmente funcionaran como cuando le pegamos algunos golpecitos al mando a distancia para que vuelva a funcionar porque las pilas reaccionan temporalmente. Aún así, Uri se ganó la fama por lo mucho que creía en sus poderes y no se resta valor en que la gente en sus casas vivieran situaciones similares a las del plató, afirmando que sus objetos estropeados volvían a funcionar. 

¿Piensas que el cara a cara de los toreros Sebastián Palomo Linares y Paco Camino en este programa fue un precedente de los enfrentamientos televisivos de los programas actuales?

De alguna manera todo está inventado. Cuando se habla de los 90 como el comienzo de los programas del corazón, como “Tómbola”, habría que considerar las entrevistas de Íñigo en los 70 y 80 como un antecedente directo, con preguntas muy personales a personajes populares, llamadas del público como si fueran los periodistas incisivos y los reportajes sobre las fiestas que se incluían en programas de sobremesa o mediodía como “Gente hoy” o “La tarde” ochentera. Lo de los toreros de “Directísimo” si se ubicara en la tele de los 90 se entendería como una polémica más de “Crónicas marcianas” o la huída de plató de Chábeli Iglesias en “Tómbola”. 



¿Consideras que miniseries como “Hombre rico, hombre pobre” (1976), “Raíces” (1977) u “Holocausto” (1979) forman un precedente dentro de las producciones televisivas de gran presupuesto de la actualidad?

Aquellos “grandes relatos” eran producciones esperadas al estilo de lo que hoy en día serían las producciones de Netflix. Un montón de capítulos pero sin mucha idea de continuación, grandes actores, gran presupuesto y una historia muy potente. De hecho, muchas de aquellas producciones, como “Poldark” o “Raíces” ya se han vuelto a realizar modernizando todo. Y, por cierto, ninguna tiene un impacto de similares características. Los 70 son una época única con productos como “Yo Claudio”, insuperable cuando quieran volverla a hacer. 

¿Este ejemplo es comparable con las primeras miniseries realizadas en nuestro país como “El pícaro” (1974), “Cañas y barro” (1978) o “La barraca” (1979)?


Aquellas fueron grandes aciertos de una TVE que iba sumando prestigio y demostraba que se podían hacer series con mucho sabor patrio. La picaresca o Blasco Ibáñez eran temas que interesaban a la audiencia. Se les dotó de grandes medios, se contó con buenos repartos y se consiguió que a día de hoy sean clásicos imperecederos que aún se venden en centros comerciales en nuevos formatos. Pero estas, y otras como “La señora García se confiesa”, “La saga de Los Rius”, estuvieron al nivel de las grandes producciones europeas e incluso americanas de la época. 

¿Piensas que las retóricas presentaciones de artistas de Lauren Postigo en "Cantares" aburrían a la audiencia? ¿Crees que Martes y 13 las clavaron en su sketch de Paca de Carmona?

Todo hay que verlo en su contexto y en su momento, Lauren Postigo fue un absoluto ídolo muy querido por la audiencia. Otra cosa es la crítica, que siempre le ha dado palos a todo aquel que destacara. Y no ya Lauren, los de “Aplauso”, la propia Mayra, Kiko… Todos recibían unos palos tremendos en editoriales. Pero Lauren sabía lo que hacía y no doraba la píldora a los invitados. Les daba donde más les dolía y a muchos, incluso les molestaban sus preguntas. A día de hoy es un testimonio maravilloso. El hecho de que ahondara en lo más folklórico de nuestra música hacía que “los modernos” no estuvieran muy contentos con su emisión, prefiriendo otras opciones como “Popgrama”. Más de una década después, Martes y 13 inciden en las sempiternas presentaciones de Lauren, que ahí sí sería real, pero demuestra lo vivo que estaba el recuerdo de un programa emitido doce años antes durante una sola temporada. 


¿Cómo eran las actuaciones de los protagonistas de “Curro Jiménez” en las plazas de toros?

En los 70, al igual que ocurría en los 80, los fenómenos televisivos querían perpetuarse en el tiempo. Así, hubo espectáculos de los Chiripitifláuticos, se hizo un “Un, dos, tres” por las plazas de toros, se hizo “Fantástico” en salas de fiesas y hasta famosos extranjeros como los protagonistas de “Orzowei” o la propia “Pippi Calzaslargas” acudían a esos eventos para atraer al público a las plazas y circos, en los que apenas hacían pequeñas apariciones. Con “Curro Jiménez” había un rejoneo por parte de uno de los protagonistas, que a su vez era torero. Y ya Sancho Gracia y Álvaro de Luna montaban a caballo y hacían una especie de lucha y persecución de sus personajes, sin grandes propósitos puesto que la sola presencia del reparto ya era motivo de atención para los espectadores. 

¿La entrevista y la actuación de Ramoncín interpretando “Marica de terciopelo” en “Dos por dos” de Fernando García Tola fue una prueba de que las cosas estaban cambiando en TVE?

Efectivamente la tele de finales de los 70 ya va incorporando elementos que reflejaban el cambio sociopolítico. Tola hizo un gran programa con Isabel Tenaille y Mercedes Milá, en el que se podía entrevistar a todos los famosos de la época, incluso los más atrevidos, como Ramoncín (que interpretó el tema de marras sobre excitado) o Bibi Andersen. Un tono relajado, con preguntas incisivas y desenfadas, con una pareja de mujeres como presentadoras fueron sus mejores armas. Y el vallisoletano Tola lo supo combinar muy bien. Eran pequeñas píldoras que servían para que el espectador no se asustara con la diversidad, un campo que sembró muchos ejemplos para la tele ochentera, como Alaska. Aunque bien es cierto que aquellos programas, para ser una televisión sin competencia, sorprenden porque no duraran más que un trimestre.



También ocurrió con el espacio “Eva a la 10”, en la que cada semana protagonizaba su show una chica del destape, como María José Cantudo o Nadiuska. Los más conservadores no veían bien aquellos cambios y así lo manifestaban en las cartas al director de periódicos y revistas, pero el futuro era imparable. 

¿Te sorprende el eclecticismo de las actuaciones de "Aplauso"?

“Aplauso” es una verdadera joya del archivo. Posiblemente Uribarri se inspiró en algunos espacios musicales europeos como en el británico “Top of the Pops”, pero le salió tan redondo como un disco. Porque “Aplauso” tenía un sabor muy natural a TVE, a producción original pero con el halo de gran programa que se hubiera podido emitir en cualquier cadena internacional. Vivió diferentes épocas. Una primera, algo desorientada, con muchas locutoras de continuidad que se mostraban incómodas en sus declaraciones a revistas del corazón, y unos medios que debían ser mejor explotados. Los contenidos se tuvieron que depurar, eliminando las iniciales secciones de folklore autonómico, de números musicales cómicos algo bizarros y reportajes. En una segunda fase, más definitiva, ya se centraron en artistas muy valorados internacionalmente, como Status Quo, los Jackson 5, ABBA…y ya eran impensables las actuaciones de Lolita o Lola Flores. Aunque el pop español en todas sus vertientes tenía cabida, la idea estaba centrada en la música disco. Incluso la sección de humor o la página infantil fueron muy temporales. Sí duró mucho la de la “banda sonora”, muy interesante. Y ya en los 80 hubo muchos cambios. Si se hubiera hecho justicia, “Aplauso” tendría que haber vuelto en alguna otra etapa posterior, aunque bien es cierto que “Música sí” estaba directamente inspirado en aquel. De hecho, su encargada inicial era Susana Uribarri, la hija de José Luis. 

¿La desgana de Peter Marshall (protagonista de “Orzowei”) en su actuación en este programa demuestra que ya no estaba interesado en el mundo del espectáculo?

Absolutamente. Aquel actor vivió una fama muy circunstancial y le hacía muy poca gracia venir a otro país y tener que cantar la canción de su serie, que para más inri, era una adaptación española que desconocía por completo. Ni se sabía la letra ni las voces que sonaban le pegaban en nada a un chavalote que, además, ya estaba muy crecido para hacer aquel show. Lo cierto es que se esforzó muy poco, pero se puede entender en alguien que no buscaba la fama en ese campo. Lamentablemente le quedaba muy poco tiempo de vida. No sé hasta qué punto su vida no era lo que se podía creer entonces. 

¿Cuáles crees que fueron los peores programas de la década?

Uno de los peores sería “El hotel de las mil y una estrellas” de Luis Aguilé. Aquello no gustó a los que lo hacían, guionistas especialmente, ni a actores que colaboraron en ello, como Pepe Sancho, ni a los espectadores ni a TVE. Parece que solo a Luis porque se esforzó mucho en sus canciones, en adaptaciones de las comedias musicales americanas… pero el resultado final era algo grotesco, aburrido, una mezcla de musical y serie imposible. Hubo concursos imposibles como el “A simple vista” de Leo Anchóriz, en el que faltaba ritmo y alegría. Ni el numeroso público, que optaba a concursar además del gran participante en el set central, siquiera aplaudía. Es un verdadero sopor. Hubo festivales como el Iberoamericano de 1979, al igual que el Festival de la Canción Infantil, en el que las voces de los pequeños resultaban demasiado peculiares, rozando lo insufrible. La tele de los 70, como cualquier otra década, va girando entre lo mejor y lo peor nunca imaginado. 

¿Qué opinas de la reciente serie “Warrior”, basada en la idea original de Bruce Lee y que luego desembocó en “Kung Fu”? ¿Crees que es superior a la serie de los 70 que protagonizó David Carradine? 



Por lo general nunca siento que los nuevos productos lleguen a superar a los originales de la historia de la tele. “Warrior” es un buen ejemplo de la tele tal y como se hace hoy en día, pero los clásicos son insuperables, tanto por sus repartos, sus sintonías como por el doblaje en castellano, que en tiempos pasados eran excelentes y, hoy en día, me resultan algo aburridas. La propia “Kung Fu” se redobló en su pase por Cuatro y ya no era la misma. La esencia de los clásicos las mitifica hasta el punto de ser muy difícil llegarles a la suela de los zapatos, caso de las nuevas “V”, “El coche fantástico”, “Ana de las Tejas verdes” o “Los ángeles de Charlie”. Si acaso si conservan al reparto original se pueden permitir homenajearlas dignamente. 

¿Piensas completar la historia de la televisión en España con un libro sobre sus inicios y que abarque desde 1956 y hasta 1969?

No es mi intención ya abarcar una etapa anterior a los 70. A mí me interesan especialmente los 80 y el principio de los 90 pero es cierto que los 70 me atraían en sus últimos años. Y al meterme de lleno en la documentación sí me resultaba interesante la evolución de la tele en aquella década. Cómo se pasó de apenas unas pocas series animadas a llenarse la programación de productos de relieve tras el fenómeno “Heidi”. Incluso como para inaugurar aquella franja de las series de las 3 y 30. Al final, la tele de 1980 es el resultado de lo que se había hecho en esos finales de los 70s. Pero los 60 o los 2000s no me llegan a atraer demasiado como para escribir un libro. Otra cosa es que haya otras temáticas donde también se traten géneros y se toque también esas décadas. 

Y para terminar, responde a estas preguntas breves sobre los 70:

¿Una serie nacional? "El Pícaro".

¿Una serie extranjera? "Colombo".

¿Una serie de animación? "La pantera rosa".

¿Un programa concurso? "Un, dos, tres responda otra vez".

¿Un programa musical? "Aplauso".

¿Un programa de humor y variedades? "Esta noche fiesta".

¿Un programa divulgativo? "Revista de cine".

¿Un programa de entrevistas? "Directísimo".

¿Una serie documental? "El hombre y la tierra".

¿Un programa de éxito que odiabas? "Musical Express".

¿Un programa fracasado al que hubieras dado una segunda oportunidad? "Sumarísimo".

¿Un programa olvidado a reivindicar? "Palmarés".

¿Un anuncio? "Superser" de Chicho Ibáñez Serrador.

¿Una sintonía? "Señoras y señores".

¿Un presentador y una presentadora? Kiko Ledgard y Mayra Gómez Kemp.

¿Un actor y una actriz de televisión? Narciso Ibáñez Menta e Irene Gutiérrez Caba.

¿Narciso Ibañez Serrrador? Un genio de la televisión que siempre será lo más grande que hayamos conocido los espectadores.

Miguel Herrero (1978, Valladolid) ha ejercido como crítico, guionista, publico en plató, concursante, comentarista de prensa, blogero, presentador y reportero. Lleva varios años mostrando lo más divertido e interesante en la pequeña pantalla en los programas de Castilla y León TV ("El flashback de la tv", "El retrovisor", "En retina", "El rincón de Miguel", "El Tele-Club" y en la actualidad, las "Historias de la tele"). Cada semana analiza el medio desde su espacio "Ya tenemos tele" en Castilla y León Radio, como anteriormente hacía en "Protagonistas" de Punto Radio. "La tele de los 70" es su sexto libro tras "ReVisitando los 80" (2013), "Los 80 responden otra vez" (2014), "Telepasión por los 90" (2015), "Un, dos, tres responda otra vez" (2016) y "Telemuñecos" (2018).



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