miércoles, 7 de agosto de 2013

OCTAVO ANIVERSARIO DE QUEFUEDE Y ARTÍCULO 1000: RECUERDOS DE ORO: POR ALEX MEDINA

Fue el sábado 19 de enero de 1985 cuando descubrí "Superman" (1978) de Richard Donner en el estreno de "Sábado Cine" de TVE, y realmente el impacto que produjo en mí fue espectacular. Aún recuerdo el comienzo con aquellos títulos de crédito que volaban directamente sobre la pantalla. Disfruté de la película de principio a fin, y casualmente, la semana siguiente, en mi colegio se realizó la típica foto anual de la clase, y en la que  quedé inmortalizado colocando la chaqueta del chandal por encima de la camiseta, emulando así la capa del último hijo de Kryptón (como se puede apreciar en la foto).

Del que fue mi primer colegio hasta Cuarto de EGB (luego se convirtió en una ampliación de una fábrica de yogures), me vienen a la mente las fiestas de Navidad y Fin de curso que se hacían en el patio del mismo, donde se llegaba a construir un escenario para que los alumnos actuásemos ante los numerosos padres, alumnos y profesores. Recuerdo especialmente una en la que teníamos que hacer una escenificación de "Ni tú ni nadie" de Alaska y Dinarama, o la ocasión que se hizo en un teatro, y donde mi curso interpretó "El burrito de orejas largas" en Navidad.

Fuera del colegio, me gustaba jugar con figuras de acción. Playmobil, se llevaba la palma con el Séptimo de Caballería y su diligencia roja, la comisaría del Sheriff, el castillo medieval, el helicóptero de rescate, o un yate y una lancha que coloqué en algunas ocasiones en la bañera. Más adelante llegaron los Masters de Universo, las Secret Wars de Marvel o los G.I. Joe, aunque nunca renuncié a los clics para emular las aventuras de Indiana Jones, James Bond, El Zorro (me encantaba la serie de Disney protagonizada por Guy Williams) o Robin Hood, que yo mismo customizaba cambiando los colores de pelo, los sombreros y los complementos.

Estos juegos caseros,  también tenían su equivalente en la calle, donde era habitual jugar a "V" (mi abuela me llegó a confeccionar un chaleco negro acolchado para hacerme pasar por miembro de La Resistencia infiltrado en la Nave Nodriza). Debido a que solía ser el más pequeño de edad, en muchas ocasiones me veía obligado a meterme en la piel de personajes secundarios como Elias, Kyle Bates (al que yo llamaba Caín Bates) y Ham Tyler, o a ejercer el aburrido rol de oficina de Devon Miles en "El coche fantástico".
Esta última serie y "El gran héroe americano" se emitían en pleno verano, cuando me iba junto a mis padres, mis abuelos paternos y mi hermano mayor a la casa de mis abuelos, que tenía una antena infernal que generaba continuas interferencias. Ante aquella situación dramática, mi abuela encontró una solución muy efectiva consistente en que mi hermano y yo viésemos las series en la casa de dos vecinas hermanas y jubiladas, las cuales sí tenían una antena en condiciones.

Tanto en la de los Visitantes, como el la del torpe profesor superheroico, encontré mis dos primeros amores platónicos, y estas eran una morena y una rubia, que no eran hijas del pueblo de Madrid, sino que respondían a los nombres de Pam Davidson (Connie Sellecca) y Julie Parrish (Faye Grant).

Mi corazón también lo ocupaba Tanya Roberts, a la que descubrí al ver en el cine "El señor de las bestias" (1982), donde celebré especialmente la escena en la que Codo y Podo, los hurones de Dar (Marc Singer), robaban la ropa de la hermosa joven cuando se bañaba, para goce y disfrute del pícaro protagonista.

Otras rubias que me marcaron fueron Helen Slater en "Supergirl" (1984), Cybill Shepherd en "Luz de Luna", Daryl Hannah en "Roxanne" (1987), o Kim Basinger en "Nadine" (1987) y "Batman" (1989) de Tim Burton.
En lo referente a la lectura, devoré muchísimos cómics norteamericanos gracias a un pequeño estanco situado cerca de la casa de mis abuelos, y en donde compré mi primer número de "Spider-Man" de la editorial Bruguera, en una edición que traía dos historias del personaje, y una de complemento de "Los Cuatro Fantásticos". También adquirí números de "La Espada Salvaje de Conan" (cuando vi "Conan, el bárbaro" (1982) en TVE, mi hermano me construyó una espada de madera), y "El Capitán Trueno", tanto de las "Aventuras Bizarras" de Forum de los 80, como las reediciones clásicas de Ediciones B, y un álbum de tapa dura de Bruguera cuando ya esta editorial ni existía. A mis manos también llegaron álbumes de "Yalahas Piff Iado, espía colegiado", o los retapados (números unidos) de "Han Europa", "El Vigilante" y "Los Nuevos Titanes", que colocaban en las estanterías de Galerías Preciados a precios de oferta de 100 pesetas.


También  me gustaba coleccionar álbumes. El primero de ellos llevaba por título "Super Éxito 1984", y se separaba en distintas secciones de cine y música, desde una selección de Los monstruos del cine, pasando por Michael Jackson, o carteles de películas como "Tron" (1982), "El retono del Jedi" (1983), "Los locos de Cannonball 2" (1983) y "Nunca digas, nunca jamás" (1983).



Otros que coleccioné de forma íntegra: la serie animada de "Transformers", la irreverente "Pandilla Basura", o "Los Caballeros del Zodíaco" (ya en los primeros 90). De todos estos agradecía que sus cromos fueran pegatinas, con lo que ya no te quedaban aquellos pegotes de Pegamento Imedio en las hojas.

Respecto a la gran pantalla, y como todos los niños de mi época, pude ver en cines de estreno "E.T." (1982), pero me gustaría más hablar de las muchas películas que descubrí en un cine de verano que tenía una matinée de tarde que sólo costaba 100 pesetas, y donde proyectaban "Los inmortales" (1986), "Los Bicivoladores" (1983), "Cocktail" (1988), "Cortocircuito 2" (1988), "Karate Kid 3" (1989), "Escuadrón" (1988) de Jose Antonio de la Loma, "Mi amigo Mac" (1988), "Aladino" (1986) con Bud Spencer, o títulos tan impropios para los más pequeños como "Armas de mujer" (1988), y una comedia que nunca he podido identificar (ni siquiera con la ayuda de eruditos en el cine más trash) sobre un padre y un hijo que eran camioneros, y tras ser perseguidos por la policía, acababan en un local de carretera presenciando una competición de camisetas mojadas.

De regreso a la ciudad, mis padres conocían al dueño de un cine de barrio, y entre los títulos que vi "by the face" estaban "El barrendero" (1982) con Mario Moreno "Cantinflas" (a veces cantaba lo de "Soy el barrendero, barro cuando quiero..."), las violentas "Yo, el jurado" (1982) con Armand Assante de Mike Hammer, y "Carretera al infierno" (1986) con Rutger Hauer y C. Thomas Howell, las sagas de "Loca academia de policía" (solía ver todas las entregas con fidelidad) y "Cocodrilo Dundee", "As de ases" (1982) con Jean-Paul Belmondo contra los nazis, "Agítese antes de usarla" (1983) con Pajares y Esteso como médicos sobones, "Johnny Peligroso" (1984) con Michael Keaton de gangster cómico en plena ley seca, una reposición de "Operación Dragón" (1973), "El secreto de los fantasmas" (1987), o "Depredador" (1987), donde me esperaba a Arnold Schwarzenegger a lo "Rambo", y al final el malo era un alienígena.

La parte más sonrojante de las películas que vi allí la componen "¿Dónde estará mi niño?" (1981) con Manolo Escobar encariñándose con su hijo ilegítimo, y "Corazón de cristal" (1986) con Lee Curreri y la guapa Tawny Kitaen.

Para el final de estos recuerdos dejo "Yor, el cazador que vino del futuro (1983), una suerte de Conan de serie Z ítalo-turco y con elementos de ciencia-ficción, en la que se paseaban el estólido Reb Brown y Corinne Clery (que protagonizó "Historia de O" en 1975). ¿Y porqué he hecho esto?, pues porque la vi nada menos que dos veces, primero a mitad de los 80 en el cine de barrio, y luego a finales de la década en el cine de verano, una hazaña de la que pocos pueden presumir (o avergonzarse).
 
 Alex Medina.

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